Una de las cosas que aprenden rápido los niños cuando empiezan a distinguir entre lo que se puede hacer y lo que no, es a mentir. Porque no sólo nos ponen a prueba, sino que también aprenden que si no hacen lo que deben y ponen una excusa o mienten directamente, puede que tengan una posibilidad de salir indemnes del asunto. Luego, según van creciendo, van descubriendo que mentir, la mayoría de las veces es contraproducente para sus intereses. Es un síntoma de madurez, de responsabilidad, de ser verdaderamente un adulto (en sentido psicológico).
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